El cálamo, cuyo nombre proviene del latín calamum, era un instrumento escriptorio utilizado en la antigüedad. También conocido como pluma de caña, este utensilio se elaboraba a partir de una planta similar al junco llamada cálamo, la cual crece en zonas húmedas[1]. La forma de este instrumento consistía en cortar un trozo de caña con una sección oblicua, dejando un extremo puntiagudo y afilado, con una forma cuneiforme[2].
La importancia de la punta del cálamo
La forma de la punta del cálamo determinaba el estilo de escritura que se podía lograr. Si la punta era oblicua, ya sea hacia la izquierda o hacia la derecha, el trazo resultaba más grueso. Por otro lado, si ambos lados de la punta eran simétricos, el trazado horizontal era fino y el vertical mediano[3]. Internamente, el cálamo era hueco.
Origen y uso del cálamo
El cálamo fue utilizado por primera vez por los escribas egipcios en el siglo IV a.C., y posteriormente su uso se expandió gracias a la cultura griega en el Mediterráneo.
Esta herramienta se mantuvo en uso hasta la Edad Media para escribir sobre papiro, pergamino y papel. Su importancia era tal que incluso fue mencionada en el Corán como un fruto de la enseñanza divina (Sura 96, aleyas 3-5):
¡Lee, que tu Señor es el más Generoso!
El que enseñó por medio del cálamo,
enseñó al hombre lo que no sabía.
El cálamo se utilizaba sumergiéndolo en la tinta deseada, ya sea negra o roja, para escribir títulos o el texto principal. Los escritores solían tener varios cálamos de diferentes colores para ahorrar tiempo, y utilizaban estuches llamados theca calamaria para transportarlos. Aunque principalmente se utilizaba en papiro y pergamino, también se empleaba en tablillas de madera y papel. Debido al desgaste de la punta con el uso, era necesario afilarla con piedra pómez[4].
Partes del cálamo y su utilización
El cálamo podía obtenerse tanto del tallo de una planta como de la parte hueca inferior de la pluma de un ave. De hecho, la parte inferior hueca de la pluma que se inserta en la piel del ave también se denomina cálamo.
En la antigüedad, se utilizaban plumas externas de alas de patos, pavos, cisnes o cuervos, que eran las aves preferidas. San Isidoro de Sevilla ya mencionaba estas plumas en el siglo VI. Para mantener la punta afilada, se cortaba periódicamente en bisel con un cortaplumas.
Se cree que los romanos ya utilizaban plumas de bronce, aunque las primeras referencias escritas datan del siglo XV. Estas plumas se popularizaron en el siglo XIX y son el precedente de las estilográficas o plumas modernas utilizadas en la actualidad.
Con la invención de la pluma de acero en 1803, el cálamo cayó en desuso. Los plumines de acero se popularizaron en 1829 y son los predecesores de las plumas estilográficas utilizadas en la actualidad.
En la escritura caligráfica árabe, todavía se utiliza el cálamo, conocido como galam, que también significa lapicero en árabe moderno.
El estilo y otros instrumentos de escritura
Además del cálamo, existían otros instrumentos de escritura utilizados en la antigüedad. Uno de ellos era el estilo o punzón, que se obtenía de un tallo o rama. Este instrumento era sólido y terminaba en punta o biselado.
En Mesopotamia, se utilizaba el estilo o punzón para grabar o incisar en tablillas de arcilla utilizando la escritura cuneiforme, caracterizada por su forma de cuñas. En la antigua Roma, se utilizaba el estilo o punzón para escribir sobre soportes encerados.
El cálamo fue una herramienta esencial en la escritura antigua, utilizada desde los escribas egipcios hasta la Edad Media. Su forma oblicua o simétrica determinaba el estilo de escritura y era necesario afilar la punta regularmente para mantenerla en condiciones óptimas. Aunque cayó en desuso con la invención de la pluma de acero, su legado perdura en la escritura caligráfica árabe. El cálamo es un testimonio de la importancia que ha tenido la escritura a lo largo de la historia.
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